miércoles, 19 de abril de 2017

WORKSHOPS A DISTANCIA: COMO SE REFLEJA UN MITO EN UNA OBRA DE ARTE








Durante todo el año se encuentra abierta la inscripción para los Workshops de artes a distancia del blog educativo Siete Artes, llevados a cabo en la plataforma virtual https://cursosarte17.milaulas.com

Nuestros Workshops están dirigidos a aficionados y amantes del cine, las letras, las artes y las comunicaciones. Para participar en ellos no es necesario tener experiencia en el rubro, ni grados académicos previos. 
Los workshops son una moderna propuesta para el aprendizaje, de modalidad intensiva en un día de duración y tenemos disponibilidad horaria para que puedas hacerlo compatibles con tu jornada laboral.



WORKSHOP A DISTANCIA:

ARTE Y MITOLOGÍA, UNA CONCEPCIÓN ESTÉTICA



La Mitología es el conjunto de narraciones propias de una civilización, que intentan explicar el mundo desde un punto de vista religioso, y están protagonizadas por seres legendarios (dioses y héroes) que representan las fuerzas de la naturaleza, o a personajes poderosos que existieron realmente en el pasado. Como sabemos, la actividad artística entronca directamente con las capacidades simbólico-representativas humanas y, tomando esto en consideración, podemos decir que tanto el mito como el arte nos brindan una suerte de "conocimiento configurado del mundo". 


El "arte" es una categoría cultural y, aunque es posible encontrarla en prácticamente todas las culturas, cabe señalar que si bien esto es factible desde una perspectiva etic -con las categorías de los investigadores-, desde un enfoque emic, con las categorías propias del grupo humano estudiado, encontramos que no todas las culturas diferencian de igual modo a lo que consideran arte de lo que no lo es (o, dicho de otra manera, cómo entienden qué "entra" o "no entra" en la categoría de "arte" propia de una cultura dada). Según Durkheim, el origen primordial de cada proceso social de cierta importancia debe buscarse en la constitución del ambiente social interno.

"En la civilización occidental, una realización concreta, para ser considerada artística, debe ser valorada como tal por un grupo de autoridades que hacen o juzgan el arte y que controlan los museos, conservatorios, revistas críticas y otras organizaciones e instituciones consagradas al arte como medio y estilo de vida. La mayoría de las culturas no tienen nada parecido a este stablishment del arte, lo que no significa que carezcan de cánones estéticos. Un dibujo pintado sobre una vasija o una roca, un palo o una máscara con grabados, una canción o canto en una ordalía de pubertad están sujetos a la evaluación crítica de artistas y espectadores. Todas las culturas distinguen las experiencias estéticas más satisfactorias -en el campo de la pintura, la decoración, la expresión- de las que son menos."

El término "arte" proviene del latín arts que, a su vez, procede del griego tecné. En la antigüedad griega se consideraba "artista" a "aquél que ejecuta brillantemente su técnica", esto es, al artesano especialmente habilidoso en su oficio. Además de la griega, otras culturas han considerado al virtuosismo técnico como una "fuerza" (un mana) o un "don" de procedencia divina. Pero es en la cultura occidental donde la separación entre arte y sentido práctico (plasmada ejemplarmente en la separación gremial entre Bellas Artes versus Artes y Oficios), ha llegado a definir lo artístico en base a su carencia de utilidad práctica (ya desde Kant, el objeto artístico se caracteriza por su inutilidad), potenciando así, tanto la idea del "arte por el arte" como el énfasis otorgado a la denominada "originalidad formal" (esto es, el imperativo artístico de crear formas artísticas novedosas -o, en otros términos, "romper" con las normas establecidas-). En nuestra civilización, el arte, laicizado, se ha tornado un objeto de consumo más (creándose así un mercado y una esfera de consumidores propios); la función del arte reposa sobre su velada consideración de mercancía y su explícita carencia de utilidad práctica. En otros entornos culturales no encontramos esa separación entre "artesanía" y "arte" que es patrimonio de la cultura occidental; en esas culturas, el juicio estético no recae en la autoridad de un círculo de expertos. 

Sin embargo, desde la propia cultura occidental, no existen reparos a la hora de considerar que las primeras manifestaciones artísticas rupestres tuvieron a su base una fuerte impronta religiosa. "La historia y etnografía del arte son inseparables de la historia y etnografía de la religión. El arte respecto de las creencias y rituales relacionados con lo sobrenatural data, como mínimo, de hace 40.000 años." (...) "Está claro que el arte, la religión y la magia satisfacen necesidades psicológicas similares en los seres humanos. Son medios para expresar sentimientos y emociones que no se manifiestan fácilmente en la vida corriente."

Con todo, cabe señalar que dentro de nuestra cultura existen diferencias cualitativas respecto, tanto de la valoración de la expresión estética, como de la sensibilización hacia la misma. "La persona que revive la grandeza de un drama de Shakespeare no puede entenderse al respecto con alguien que no posea la misma capacidad subjetiva de vivencia. Y lo propio cabe decir de todos los demás dominios del arte: de la música y de las artes plásticas; pero se aplica en amplia medida también a las formas de la expresión religiosa."

A lo que puede añadirse que considerar el "arte" en tanto que "comunicación" implica conocer las reglas del juego representativo, razón por la que cabe entender que la originalidad formal nunca es absoluta, sino relativa a lo ya conocido (para que el mensaje del artista no sea un mensaje aislado, a modo de "grito en el desierto"). En la cultura griega clásica, el género trágico constituye un ejemplo paradigmático de imbricación de mitos (relatos), arte (técnica representativa), apoteosis social (identidad política), festividad lúdica (alteridad, tiempo social) y escuela pública (aprendizaje vicario) a un tiempo.

Según George Steiner, la íntima conexión entre las cuestiones intemporales a las que apelan los mitos y la representación plástica que el teatro trágico hace de ellas, se manifiesta en ciertos "planos" o "constantes existenciales" que definen la condición humana. Valga señalar que, aunque Steiner se refiere exclusivamente a la tragedia Antígona de Sófocles, como modelo de obra trágica en donde se dan una serie de tensiones en distintos planos de la vida de un ser humano, tales cuestiones también son tratadas, aunque no de forma unificada, por el conjunto de los distintos mitos transmitidos por la tradición cultural griega, esto es, en su mitología e imaginario.

"Creo que solamente a un texto literario le ha sido dado expresar todas las constantes principales de conflicto propias de la condición del hombre. Estas constantes son cinco: el enfrentamiento entre hombres y mujeres; entre la senectud y la juventud; entre la sociedad y el individuo; entre los vivos y los muertos; entre los hombres y Dios (o los dioses)." (...) "Hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, el individuo y la comunidad o Estado, los vivos y los muertos, los mortales y los inmortales se definen en el proceso conflictivo de definirse el uno al otro. La definición de uno y el reconocimiento agnóstico de lo otro (de l'autre) a través de las amenazadas fronteras del yo son procesos indisociables." (...) "Llegar a uno mismo -que es la jornada fundamental- es colocarse polémicamente contra 'el otro'. Las condiciones de limitación de la persona humana son las impuestas por el sexo, por la edad, por la comunidad, por la línea que divide la vida y la muerte y por las potencialidades de encuentro (aceptado o negado) entre lo existencial y lo trascendente."

Para Steiner, estas oposiciones (esta dialéctica de los sexos, de las generaciones, de lo individual y lo social, de la vida y la muerte, de lo humano y lo divino), son consideradas en cuanto que elementos binarios de la existencia humana que conforman antinomias esenciales, esto es, "dualidades ontológicas fundamentales", en tanto que "en la física del ser del hombre, la fisión también es fusión" o, dicho de otra manera, que la otredad -la división- es la condición necesaria de la mismidad -de la unidad-; esto es lo que hace que tales oposiciones sean a la vez universales y locales, antiguas y futuras (y, por ello, también presentes, intemporales en suma). Todos y cada uno de los ejes de contraposición (hombres y mujeres, vejez y juventud, individuo y sociedad, vivos y muertos, mortales e inmortales), se renuevan constantemente, a la par que persisten en la condición humana actual -a pesar de la distancia temporal con la Grecia clásica-, conformando las facetas de un permanente conflicto necesario e insoluble que nos conduce a asimilar lo trágico a lo humano.

"El mito, en su forma auténtica, aportaba respuestas sin formular nunca explícitamente los problemas. La tragedia, cuando recoge las tradiciones míticas, las utiliza para plantear a través de ellas problemas que no admiten solución." Como vemos, mitos, ritos, representación, arte, tiempo festivo y apoteosis social se dan cita en la tragedia griega, y cabe señalar que estos elementos también se encuentran presentes en diversas manifestaciones culturales de otros pueblos. Para Eliade, las reminiscencias míticas que posee la conducta humana actual pivotan en torno a todos estos factores implicados, y se pueden condensar en la aspiración humana de trascender el tiempo ordinario, entendida como constante antropológica: "... El deseo de acceder a otros ritmos temporales que no sean aquel que se está obligado a vivir y a trabajar. Uno se pregunta si este deseo de trascender su propio tiempo -personal e histórico- y de sumergirse en un tiempo 'extranjero', ya sea estático o imaginario, se extirpará alguna vez. Mientras subsista este deseo, puede decirse que el hombre moderno conserva aún al menos ciertos residuos de un 'comportamiento mitológico'".




Joseph Campbell: Mito y Realidad

Los mitos han existido desde siempre, están en la raíz de cada pueblo, de cada tradición conocida, son la base de nuestra inmensa riqueza cultural. En tiempos remotos, los seres humanos encontraban en ellos pautas y ejemplos, consejos, direcciones y vías para encauzar la trayectoria que debían dar a sus propias vidas. Veían en ellos el camino que podía llevarles al descubrimiento y a la realización del sentido de la existencia, ese oculto y ansiado sendero que nos lleva al conocimiento de nosotros mismos, a saber que somos uno con los demás y con toda la naturaleza que nos rodea. Sin embargo, en la actualidad no se da importancia a los cuentos, que son los restos que han permanecido a salvo del naufragio y que tanto nos gustaba escuchar cuando éramos niños. Siempre tenían el mismo principio: “érase una vez…”, refiriéndose a ese gran tiempo mítico anterior al nuestro. Nos encantaban porque nos hacían viajar a aquellas edades fabulosas donde reinaban reyes sabios o malvados, princesas y monstruos, enanos y gigantes, héroes y magos que atrapaban nuestra atención despertando esos mundos extraordinarios en nuestra propia imaginación, que es la sede del recuerdo. 

Joseph Campbell fue profesor de mitología y religiones comparadas, uno de ésos que creían que existe “un punto de sabiduría, más allá de los conflictos de ilusiones y verdades, con el que las vidas pueden volver a unirse”.  Encontrar este punto significaría realizar la gran unión. Joseph Campbell creía que ésa era “la cuestión fundamental de nuestro tiempo” y consideraba los mitos como nuestros aliados decisivos en la búsqueda de respuestas. Su carrera de profesor empezó en  1934 en el Sarah Lawrence College, donde enseñó durante casi cuarenta años y donde, en su honor, fue fundada la “cátedra de mitología comparada Joseph Campbell”. Su aula siempre estaba llena de estudiantes a los que durante sus clases “dejaba sin aliento”. 

Con sus trabajos Joseph Campbell revivió la mitología. Decía que no se trataba de  cuentos para contarlos junto a una fogata, sino de poderosas guías para el espíritu humano. Mostraba que los relatos mitológicos de todo el mundo, a pesar de parecer muy diferentes, en realidad eran todos iguales. Su verdad universal era siempre la misma, sólo que se contaba en diferentes tiempos históricos y de diferentes maneras. 


La obra de Joseph Campbell influyó en numerosos estudiantes, científicos, escritores, músicos y directores de cine. Uno de ellos fue su amigo George Lucas que, inspirado por el libro de Campbell “El héroe de las mil caras” (The Hero with a Thousand Faces), rodó su conocida obra maestra “La guerra de las galaxias” (Star Wars).  George Lucas y Joseph Campbell se hicieron muy amigos después de que el director, anunciando lo mucho que le debía a la obra de Campbell, invitara al científico a ver su trilogía. Durante la visita, disfrutando de nuevo de los peligros y hazañas de Luke Skywalker, Campbell se entusiasmaba diciendo que “Lucas había introducido la más poderosa y la más fuerte vuelta” al clásico cuento del héroe. “¿Y qué es eso?”, le preguntó entonces el periodista Bill Moyers. “Es lo que Goethe dijo en el Fausto, pero que Lucas ha sabido expresar en un lenguaje moderno: el mensaje de que la tecnología no nos salvará. Nuestros ordenadores, nuestras herramientas, nuestras máquinas no son suficientes. Tenemos que apoyarnos en nuestra intuición, en nuestro verdadero ser.” “¿Y eso no es una ofensa a la razón?”, preguntó el periodista “¿no le parece que nos retiramos a una gran velocidad de la razón?” “No, no se trata de eso. En el viaje del héroe no se trata de negar la razón. Al contrario, superando las pasiones oscuras, el héroe simboliza nuestra capacidad de controlar al salvaje irracional que llevamos dentro. Luke Skywalker nunca fue más racional como en el momento en que encontró dentro de sí mismo las habilidades de carácter necesarias para enfrentar su destino”. 

En una de sus clases Campell dijo: 


“El fin del viaje del héroe no está en su identificación con cualquiera de los personajes o poderes que experimentó. El objetivo final de la búsqueda no debe ser la propia liberación ni el propio éxtasis, sino la sabiduría y el poder de servir a los demás. Una de las muchas diferencias entre una persona famosa y un héroe es que el famoso vive sólo para sí mismo, mientras que el héroe actúa para redimir a la sociedad.” 




Destinatarios: Estudiantes o aficionados de cine, literatura, pintura, música y demás expresiones artísticas, comunicadores, escritores, creadores, realizadores e interesados en el conocimiento del arte y el pensamiento, con o sin experiencia previa en estudios sobre las diferentes ramas de los lenguajes artísticos que los cursos abordan.


Inicio de los Talleres: Primera semana de cada mes, desde Febrero a Diciembre, inclusive. Promociones y beneficios para estudiantes regulares de la UNLP y egresados de Bellas Artes y Periodismo.

Material extra: Podes adquirir el cuadernillo de Cine SIETE ARTES y la REVISTA DIGITAL de Cine mensual, ediciones de interés cultural destinadas a estudiantes, profesionales y aficionados del Arte. También podes consultar acerca de las COLECCIONES DE CINE DE AUTOR en MP3, ciclos de cursos y capacitaciones grabados en formato audio. 



Valor: 300$

Descuento para estudiantes y egresados de la UNLP

Más información en nuestras vías de contacto.
Conocé toda la oferta en Formación a Distancia que ofrece SIETE ARTES a través de los Workshops a Distancia 2017, accediendo a través del siguiente link:
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mail: cursos7artes@hotmail.com
whatsapp: 221-5669558

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